jueves, 21 de julio de 2016

Un submarino nuclear británico choca con un buque mercante en Gibraltar


La organización ecologista Greenpeace insiste en que el transporte de este tipo de armas acarrea “amenazas reales, que causan incluso más dolor que otras guerras que se están produciendo en el mundo”.

Un submarino de propulsión nuclear británico se encuentra en el puerto de Gibraltar tras chocar contra un buque mercante en aguas cercanas al Peñón, aunque la embarcación sólo sufrió daños externos, informó el Ministerio de Defensa del Reino Unido.

La Royal Navy (Marina británica) ha empezado una investigación sobre el incidente, ocurrido el miércoles por la tarde cuando el submarino “HMS Ambush” sufrió una “colisión” mientras estaba sumergido cerca de Gibraltar, cuya soberanía reclama España.

El reactor nuclear del submarino no sufrió daños y ningún miembro de la tripulación resultó herido, señaló la fuente, y añadió que el accidente ocurrió ayer a las 13.30 hora local (11.30 GMT).

El ministerio precisó que el submarino se encontraba en la zona para unos ejercicios de entrenamiento y “sufrió algún daño externo pero ningún miembro de la embarcación resultó herido en el incidente, aunque se ha iniciado una inmediata investigación”, precisó el comunicado divulgado por Defensa.

El submarino, en poder de la Royal Navy desde 2013, “entró” en Gibraltar para ser sometido a una inspección y “no hay preocupaciones asociadas” con el choque, resaltó la nota.

España pide explicaciones
El Gobierno ha pedido aclaraciones al Reino Unido por la situación en que se encuentra el submarino tras el accidente.

Fuentes del Ministerio de Exteriores han confirmado a Efe que las autoridades españolas tenían conocimiento de la presencia del submarino y que, de acuerdo con informaciones británicas, el accidente “no reviste gravedad”.

No obstante, el Ejecutivo ha solicitado las aclaraciones oportunas sobre lo ocurrido a las autoridades del Reino Unido.

Abandono de las armas nucleares
La organización ecologista Greenpeace ha reclamado el abandono de la industria armamentística nuclear para evitar accidentes como el que en la tarde de ayer implicó a un submarino nuclear británico y un buque mercante en aguas cercanas al Peñón de Gibraltar.

Según Raquel Montón, responsable de la campaña antinuclear de la organización, “no podemos garantizar la ausencia de accidentes en el mundo, pero tampoco nos lleva a nada estar armado hasta los dientes”.

Estamos en una lucha fratricida que no tiene sentido estratégico ni militar ni económico”, ha señalado la experta de Greenpeace, para quien el futuro de la industria nuclear “no está en las armas ni en la energía eléctrica”, sino en su uso en campos como el de la salud.

Una zona de alto riesgo
Raquel Montón ha explicado que la situación en Gibraltar, como en otras zonas de elevado tráfico marítimo, es complicada y está llena de riesgos, y “cuando le ponemos el apellido nuclear, el peligro es con mayúsculas”.

Y “no se trata de un perjuicio para España o Gibraltar, sino para todos, para la fauna, para la flora, para la biodiversidad en general”, ha añadido la experta, quien ha alertado de que “pese a que las consecuencias son tan a largo plazo que no sea posible medir y analizar de manera inmediata”, no se puede negar una afección.

Amenaza real
El transporte de este tipo de armas puede acarrear “amenazas reales, que causan incluso más dolor que otras guerras que se están produciendo en el mundo”, ha insistido la activista de Greenpeace, y “con nombrar el cambio climático ya lo digo todo”.

No obstante, ha reconocido que la situación en el mar “es complicada, y si se trata de un lugar fronterizo más aún, y si el tema tiene que ver con lo nuclear la complicación se multiplica por cuatro”.

El tratado de no proliferación nuclear se firmó hace mucho tiempo y no logramos implementarlo”, se ha lamentado; “crucemos los dedos para que el accidente de ayer haya sido de verdad chapa y pintura”.

La entrada en Gibraltar del “Ambush” revive la sombra del “Tireless”

La entrada en el puerto de Gibraltar del submarino británico de propulsión nuclear ""HMS Ambush", tras sufrir una colisión, ha hecho revivir la crisis del "Tireless", que sufrió una avería en el año 2000 que le obligó a permanecer en un muelle gibraltareño durante un año.

Según el Ministerio de Defensa del Reino Unido, el submarino chocó con un buque mercante en aguas próximas al Peñón pero sólo ha sufrido daños externos, y el reactor nuclear no ha registrado daños, ni tampoco ningún miembro de la tripulación, aunque la Marina británica ha abierto una investigación para aclarar lo ocurrido.

El suceso se ha registrado quince años después de que el submarino nuclear “Trireless” abandonara el puerto de Gibraltar, donde permaneció durante un año, mientras se reparó la avería que sufrió en el circuito de refrigeración del reactor cuando navegada por el Mediterráneo.

La avería se detectó el 12 de mayo del año 2000 y siete días después atracó en uno de los muelles de la colonia británica, y comenzó así un año de tensiones entre las autoridades españolas y británicas, de contestación social por la reparación del submarino, de manifestaciones y protestas y de confrontación política.

La contestación contra esa parada acabó en el surgimiento de una plataforma social en la que estuvieron presentes organizaciones políticas, sindicales y numerosos colectivos sociales del Campo de Gibraltar y en la celebración de varias manifestaciones multitudinarias contra la permanencia del submarino.

Entre las actitudes más beligerantes y contrarias a la reparación del buque en Gibraltar destacó la de la Junta de Andalucía, que llegó a interponer una denuncia ante el peligro que para la población y para la zona podía suponer esa reparación en la colonia.

El Consejo de Seguridad Nuclear dijo al principio que los niveles de radiación dentro y fuera del sumergible se mantenían “normales” y que no representaban riesgo radiológico para la población de la zona, pero también que la grieta localizada era mayor de lo que se esperaba.

Los gobiernos de España y el Reino Unido, presididos por José María Aznar y Tony Blair, concluyeron que la reparación del aparato en suelo gibraltareño no conllevaba riesgos para la población, y el primer ministro británico abrió incluso la posibilidad de que técnicos españoles accedieran al submarino.

Y varios técnicos del Consejo de Seguridad Nuclear accedieron al interior del Tireless, pero no pudieron inspeccionar el reactor nuclear ni el panel de control debido a restricciones militares impuestas, ni asistir después a la puesta en marcha del reactor nuclear.

El 1 de mayo de 2001 arrancó ese reactor y seis días después zarpó el Tireless, y el Reino Unido garantizó a España que no volvería a reparar otro submarino nuclear en la base gibraltareña.

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